La costa del Ámbar, que tiene en Puerto Plata su capital, suma cerca de un tercio de la capacidad hotelera de todo el país, por lo que se ha convertido para muchos en sinónimo de relajación, vacaciones al sol y grandes complejos hoteleros llenos de turistas que no esperan más de su viaje a las Antillas que un envidiable bronceado en sus idílicas playas y unos días de tranquilidad. También cuenta con el segundo aeropuerto en importancia del país.


En los últimos años han proliferado un importante número de complejos deportivos, hoteles de lujo, restaurantes, bares y urbanizaciones.


Desde la Loma de Isabel de Torres (que cierra la ciudad por el sur y a la que se puede subir por un teleférico), coronada por la imponente estatua del Cristo Redentor, se obtienen excelentes panorámicas.


Hacia el oeste se encuentra el Fuerte de San Felipe, una de las construcciones más antiguas del Nuevo Mundo y uno de los mejores ejemplos de la arquitectura militar de aquella época. En las proximidades del Parque Central se encuentran diversos sitios de interés como la Iglesia de San Felipe, de estilo Art Decó, la Vieja Logia Restauración, la Casa de la Sociedad Fe en el Porvenir, el Museo del Ámbar y la Fabrica de Ron Brugal, una de las más antiguas el país.


El Malecón, que nace junto a la Fortaleza de San Felipe y se extiende por más de 5 km, finaliza en la pequeña y célebre playa Dorada, con doradas arenas. En tiempos remotos esta playa fue una tranquila localidad agrícola y pesquera, sin embargo y, gracias al auge turístico se ha convertido en uno de los sitios más importantes de la zona.


Además de lo citado, Puerto Plata se distingue, especialmente, por sus más de 11 kilómetros de playas ininterrumpidas (300 mil metros cuadrados de superficie), que van desde Cofresí hasta Sosúa.